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lunes, 16 de marzo de 2015

POEMA: © LA INQUILINA DEL ÁTICO, poema de Frank Ruffino en homenaje a Ana Frank.



SOBRE mi cuarto vive una niña,
diríase jovencita en sus 14 años,
la escucho por la mañana:
lentamente el cepillo rasgar sus cabellos,
los suspiros frente al espejo,
sus frescas carcajadas,
la ilusión que a vivo llanto
suele caérsele hasta mis ojos;

...ora acomoda sus zapatos,
los lustra, camina hasta su puerta
y devuelve hasta el espejo
en donde se hace estatua,
luego, por una ventanita
parte en sus deseos al colegio…


Mas la soledad amarga de esa niña
imprime pasos por mi frente,
entra y sale en mis ojos,
perdiéndose o encontrándose
de ausencias y presencias.

Y en cualquier caso, la cubro siempre

de rigurosas bienvenidas
y despedidas porque será, tal vez,
la hija que nunca tuve.

Así para ella este bulevar directo

hacia mi alma,
para que vuelvan sus sonrisas tras el llanto,
sus vuelos cortos y suspensos,
largos o derechos.


***

San José, 16 de marzo de 2015.


NOTA: acaba de escribir este sencillo poema, y se los comparto ifso facto. Y, pues, mi texto va dedicado a esta eterna jovencita judía, y como un redondo homenaje y doble dedicatoria, a uno de su pueblo en tiempo presente: el amigo David Ben Abraham, radicado en Nueva York.


domingo, 15 de marzo de 2015

© El bastón verde ('Cuento'-parodia política de Frank Ruffino)






Acaeció que, por estar de moda, fueron de excursión de precampaña política varios pericos neoliberales del archicorrupto Partido Liberación Nacional hacia las fauces del coloso Turrialba, que tras una actividad eruptiva de varios años, y dentro de los parámetros aceptables de no ocasionar daños sustanciales a los humanos ni haciendas a su alrededor, en los últimos días había abierto con ferocidad sus fauces, vomitando y hasta engulléndose violentamente a sí mismo al sucumbir varias laderas de su terrible, nervioso y por ello inestable cráter. De ese periplo, 'coincidió' era yo el organizador y guía turístico…

Mi asistente en este proyecto de ajusticiamiento múltiple y en bien de la nación, fungía como mi cómplice, y era quien manejaba la confortable buseta de políticos burgueses y malandros. Se trataba del camarada ecologista Luis Diego Marín. Para ‘camuflarse’, un día antes, había marchado él con entusiasmo a la peluquería más popular del Mercado Central donde, al contrario de mi abultado, complicado y peludo disfraz, pidió encarecidamente al barbero le quitara todo vestigio de cabello en cabeza y rostro. Siendo mechudo como un troglodita, al salir de ese establecimiento, yo, que lo esperaba a unos cuantos metros de la puerta, no pude reconocerlo cabalmente, y no fue hasta que un hombre frente a mí me dijo:

-¡Eyyyy! Ruffino, la cosa aquí es revolcar bien a la gata y confundir a medio mundo.

…Quedé de una pieza ante tan impresionante transmutación. De seguro ni la propia madre reconocería de pelada que iba la bestia peluda de mi amigo.

-Perfecto –le espeté con emoción contenida, y tratando de chancear ante aquella súbita y genial forma de mimetizarse, con complicidad le dije extendiendo mi mano derecha en señal de apretón-:

-Mucho gusto, poeta Frank Ruffino. Quedaste como el tío Lucas. ¡Manos a la obra!

También, para serles irreconocible a estos quince, sarta de oscuros personajes, a todas luces enemigos de su pueblo, gastaba yo nutridos bigotes y barbas postizos; anteojos al estilo de Elton John (despampanantes y criminalmente afeminados); para guardar una falsa empatía, embutí mi cabezota en una chistosa gorra verde con la forma de perico de copete rojo, lentes de contacto del color de la piel del pasaje, o sea, amarillos como la mierda; además de holgadas ropas que me hacían parecer obeso, y como si fuera poco, fingía sostenerme precariamente en un bordón verde bellísimo y personalizado, casi idéntico a los que solía usar el poeta Antonio Gala. El fino palo de apoyo, exhibía en su extremo, para asir con fuerza, la cabeza reducida y ennegrecida de José María Figueroa, y en el otro extremo un tapón antideslizante negro en cuya cara, como se suele apreciar en esas rebuscadas pinturas en miniatura, se distinguía en letras blancas las siglas ‘PLN’, ya sucias, y llenas de porquería.

Obraba de tal talante, pues, así, siendo yo esbelto, ágil, fuerte y temido, debía borrar toda naturaleza que les pudiera sugerir de qué varón disidente se trataba, y, además, en el caso del simbólico y funesto báculo, había que aplicar algo de atención para reconocer el rostro de este político demoledor de obra pública e instituciones en su, por fortuna, antigua presidencia de los años noventas del siglo pasado, a la que deseaba fervientemente volver para continuar con sus labores de destrucción masiva, al tenor de lo que creía él en su distorsionado mundo de inepto, sería más edificar en bien del país.

…El bastón verde era clave para llevar a buen término mi cometido de exterminio, un poderoso acicate, pero además un fuerte distintivo, como la otrora esvástica roja y negra que hipnotizaba al Führer de la Alemania nazi: cada vez que me flaqueaba la ilusión, y sentía me abandonaban las fuerzas para llevar a cabo esta particular y espeluznante masacre política, pues colocaba frente a mí la cabeza egocéntrica del tarado de Figueroa aprentándola fortísimo con mi puño, luego, cerca del asiento del político, daba con el mismo cayado varios y enérgicos golpes contra el metálico suelo, lo miraba a los ojos, sonreíamos, y mi alma y espíritu se henchían de un gozo y una energía patriótica solo vista en los anales de la historia tica, en el gran héroe, ‘el tamborcillo' Juan Santamaría.

... Con toda esta trama bien urdida que les relato, amigos lectores, los llevábamos engatusados hacia su propia sepultura ardiente, en donde, para nuestro solaz, serían reducidos vivos a cenizas que luego vomitaría alegremente el macizo en una de sus constantes y sonantes erupciones freáticas…

***

Y como a todo chancho le llega su diciembre, horas más tarde, y en destino, este mortal y el camarada Luis Diego, los vimos inclinados y emocionados sobre el palo horizontal de un improvisado y precario balcón verde que habíamos ensamblado de piezas prefabricadas de pino. Con exclamaciones de horror y de asombro señalaban hacia el negro y convulso vientre del volcán, que rugía y amenazaba con echar de un momento a otro una erupción a chorro tipo jet, hasta dos o tres kilómetros de altura, espectáculo que más de uno de estos infelices y repugnantes seres esperaba ver directamente, para algún día (¡pobres!) contarle a sus nietos haber sido testigos presenciales de esta fuerza incontenible de la naturaleza.

Detrás de estas quince ratas, le hice a Luis la respectiva señal militar acordada, nos apostamos a ambos lados detrás del débil palco, buscamos de entre el suelo de espesa ceniza una seña hecha con dos piedrecitas rojas apostadas en cada extremo, alzamos el oculto cable de acero, que a su vez levantó con suma facilidad la liviana armazón de madera. Inclinada ésta peligrosamente hacia el vacío del cráter, todos, horrorizados, volvieron sus rostros hasta nosotros mientras trataban de asirse de los palos que ya se desarmaban, buscando recuperar el equilibrio y ganar con desesperación desmesurada el suelo firme.

…Mas ya era tarde para tomar alguna medida de contingencia a fin de salvaguardar por sí mismos sus asquerosos pellejos. Y, con un tono y solemnidad apocalípticos, lancé estas palabras ante los chillidos y llanto de los malandros que suplicaban, en esta hora de las verdades, por algún rastro de misericordia en mí:

-¡Patriótico jacuzzi-canopy tour en vuelo libre: malditos cerdos burgueses, sálvese quién pueda!

Con una fuerza descomunal salida de cada célula de mi demoníaco cuerpo, alcé lo más que pude el cable y empujé la falsa tarima al abismo.

…Pero ninguno era Supermán, Batman, o el Hombre Araña…, de ahí que fueran todos directo al Infierno. Pocas veces mis pelos exhibieron tal dureza y crispación al escuchar a aquellos desgraciados: a coro, los alaridos de horror que echaron estas bestias que caían al terrible foso, aún cimbran en mi mente y me sobresaltan hoy, días después de este multitudinario y bien planeado crimen de estos sátrapas de la Patria.

***

En este bar del centro de la capital, Luis y yo leemos Diario Extra, posterior al día de esta fumigación de bichos, como dice mi amigo ecologista: ‘control ecológico de plagas’. En el segundo párrafo del parte periodístico, reza el mismo:

“Confirmado. La excursión la integraban los hoy fallecidos en tan terrible desgracia que ha enlutado a toda la nación, los ex presidentes de la República José María Figueroa, Laury Chinchilla y Oscardo Arias; su hermano Rodrigo, ex ministro de la Presidencia; el ex candidato presidencial Johnny Zelaya y su fiel escudero George Pino Pattony; Guiller Constenla, ex presidente del INS; Francis Armando Pacheco, ex ministro de Educación; los diputados Rolo del Corazón de Jesús González, y Antonio del Perpetuo Socorro Álvarez; el ex presidente del Banco Nacional Fernán de la Santísima Trinidad Naranjo; paradójicamente el ex ministro de Turismo Carlomagno Roverssy; el ex diputado Gerardo Villavieja y su hermana, la presidenta de La Corte Suprema de Justicia Zarella Villavieja; y del Partido Libertario, a última hora, se sumó a este infausto viaje el diputado Oppo de la Misericordia Guevara; también occisos, los dos organizadores de la misma, un tal Ernesto Luna, el guía; y Camilo Varela, chofer, de quienes aún el Organismo de Investigación Judicial no logra dar con vestigio alguno de sus familiares o de esa empresa turística contratada por los políticos. Solo un escueto brochure encontrado cerca de la boca del cráter (no tiene consignadas direcciones ni teléfonos), indica el nombre de la misma: ‘Baño de Fuego’.

FIN

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