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martes, 13 de enero de 2015

© LA GRAN DERROTA DE LA MISERIA HUMANA (Poema de Frank Ruffno)





a Jorge Luis Pinto y sus muchachos

Te lo había dicho
cuando los muchachos
venían del Mundial
un día de julio:
qué poco se te da el fútbol
amada Muerte,
perrísima Muerte,
no das pie con bola,
perdedora: tu lápida
es hoy de cuero y redonda
y los niños escupen en tu mármol negro,
los perros vagabundos marcan
su territorio en tu olvidado grito de guerra,
se burlan de ti, se burla 
de ti un triste poeta del norte
a quien previamente habías dejado sin casa,
sin padre, sin su can favorito,
y si pensaste que privándome de aquella joven
hacías mi destino a cuadritos,
pues ya casi la he olvidado,
como todas las cosas de la vida
y el vetusto poeta de un largo país lo dijera:
ya ni recuerdo tu nombre
aunque también derrame una lágrima,
sí, quién lo dijera, quién lo dijera....

Pensaste que en estos tiempos de locura
e imprevisión donde las masas
ponen su dinero a ciegas,
tumbarías fácilmente graderías,
acabarías con estadios abarrotados 
de almas felices y desbordadas,
y todo el mundo vería aquello, tu inmenso poder
en tiempo real por la tv y todos lados.

Con sangre en el ojo*, ahora vuelves
a apelar a la locura de unos cuantos fanáticos
para sembrar el terror,
y todo por unas simples viñetas;
pero no has vuelto a ser la misma desde 2001,
en que todos apenas recordamos
tu viejo, inmenso poder en la Guerra de los treinta años,
ese fue tu cierre
y también tu clausura en los campos de exterminio,
y lo de Gengis Kan y tus otros generales,
pues la nueva gente ‘light’ de hoy
ha metido todo en su fantasía del ayer,
como si la cosa no fuera con ellos,
y eso está bien (este fenómeno, 
según los psicólogos modernos
es un benefactor mecanismo de defensa).

Has perdido tu fe, perrísima, amada Muerte;
tu sueño de un fin atómico
se va desvaneciendo;
tu engorroso ataque biológico o químico
tampoco es parte ya del ‘plan b’,
el mundo parece hacerse uno:
hay cámaras apostadas por todos lados,
si pensaste que serías una diva
pues eso mismo te condena
porque con antelación han visto
tus oscuras intenciones, 
y te han desarmado a tiempo
de la guadaña que blandías riendo a carcajadas.

Muerte, perrísima, amada Muerte,
te estás haciendo torpe y vieja,
ya Pinto y los muchachos
me lo habían dicho
que no das pie con bola,
que tu pie quedó en un témpano de hielo,
y el balón que disparabas se fue deshaciendo
en cada patada como pompa de jabón,

Muerte, vete y muérete como todos;
tal vez, pienso sí, por tu abono,
nacerá una flor de tu costado de hueso fétido,
de tu barbarie, Muerte, nacerá la vida
y todo el terror causado 
será también un sueño negro, 
solo eso.

Muerte, perrísima señora Muerte:
deja ya, en esta, tu hora final, de chantajearme
con Frida y mi amiga la Chavela,
con Jorge y David, los poetas de aquí
y que fueron mis camaradas,
deseamos hasta el mismo Diego
te pinte un gran mural
junto al amado Trotsky
y el otro buen Diego, el de la mano de dios,
y seamos nosotros, los recién nombrados en este poema,
los que plantemos nuestros pies sobre tu montículo mortuorio.

No, no…, no des más rodeos diplomáticos:
te espera la cuerda floja, cae, déjate caer ya
en el estanque de los grandes caimanes, que hierve,
ya tienen hambre de ti; sé al menos valiente
al término de tu fácil reinado de terror,
y corta el aire como los clavadistas olímpicos
del México que aún es lindo y querido;
eso lo dice el guión, así está establecido 
el final en este largometraje
donde aterrorizaste a tus anchas desde el principio
y durante casi toda la película.

Y seré yo, según Productor y Director,
un triste poeta del norte,
el único deudo en tu funeral:
te llevaré yo solo sobre mis hombros
sin tanta parafernalia masoquista, así, 
como una señora desnuda
a la que todos habían temido por idénticas razones,
así no hay séquito ni sepulcro para ti porque ya todos
te habrán olvidado como la gran maestra de ceremonias
que fuiste en muerte,
ni modo, en muerte.

***

IMAGEN: Desde las montañas de Heredia, esperando ver el arribo del avión que traía a la Selección Naconal de Fútbol de Costa Rica, en el Aeropuerto Juan Santamaría, allá en el bajío alajuelense.



domingo, 11 de enero de 2015

Poema de Frank Ruffino TIEMPOS



a Isabel P.

AYER por ayer,
arrebol de luna,
algo de ella,
cosas colgantes
para algún día
echar andar
a un niño
ya crecido y muerto,
y aún bonita,
y aún amante.

Me la encuentro
y a distancia
agita su mano,
sonríe igual
que ayer,
pero ya no somos
aquellos,
ella lo sabe,
lo sé,
lo saben todos.

Hoy por hoy
sabemos  todo
de cuanto fuimos.

Importa
más ahora
el vencimiento
de las cosas;
que alcance
para fin de mes
estirando
la agonía,
vivir en casa
sin casa nuestra.

Lo suave que era
todo ayer,
y ahora el filo,
el garfio, el colmillazo
de los de arriba
que nos mantienen
recortados
para ser ellos
los esplendorosos.
Ese es el juego.

Mañana por mañana,
creo, será igual
que hoy,
y cada vez
más diferente
el ayer
cuando dirigimos
los rostros
hacia el infinito
en esta misma
plaza de cipreses,
los árboles mismos
que fueron
tan misteriosos
y ya espeluznan
por ser meridianamente
claras las cosas
con el amor despejado,
y nada nos espera,

solo la Muerte
al piano
con su gran sonrisa.

***

Imagen: hace unos días en las inmediaciones de mi casa en Zarcero, Costa Rica.

Texto de mi poemario inédito 'Isla Sombra'.

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