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martes, 23 de diciembre de 2014

POEMA DE FRANK RUFFINO: © RAZONES PARA VALERIA



VALERIA, te quería,
y me dieron valeriana
agriándoseme el alma
como blanca vitamina.

Valeria, vale,
qué poco valgo
para ti;
valdría más
si apreciaras
mi valentía, Valeria
invaluable.

(Basta ya
de juegos fatuos de palabras
alusivas a tu nombre).

Valeria,
me quedo
por fuera de tu alma
como mendigo
esperando abras
y al menos eches
un mendrugo:
este alegre sabueso
delicadamente
entre sus fauces
lo tomaría
con ojos perros
agradecidísimo
de tu gesto,
y seguro que espero,
ya todo ilusionado
caballero hidalgo,
una moneda de oro
de tu corazón
al mío que aguarda…

Mas no:
abomino
esta condición mendicante,
mejor ódiame
con un portazo
en las narices,
un manotazo
en la mejilla,
cien latigazos
de gélida indiferencia
en este necio
lomo amante,
y me iré
tranquilo
confiado del Olvido
que otorga el Tiempo
donde hasta La Muerte
deshace
sus fétidos vapores
y hórridos cuervos
acechantes,
Valeria,
y ya nada tendrá sentido,
ni tu nombre
con sus voces cercanas
a las que apelara
tontamente para conquistarte
un triste poeta del norte.

NOTA: Este fue el último poema que escribí en las montañas de Heredia, hará unos seis meses. Ya saben: no soy poeta de corte amoroso, ni nada de romántico lleva mi poesía, mas alguito hay en mi alma, como para que esta aridez de vez en cuando tenga brisa y propicia lluvia.

IMAGEN: Si a esta escena le quito cables eléctricos, pavimento y calzada de cemento, pues sería un rincón muy similar de mi amada Pompeya, la ciudad eterna que habita en mí y a la cual espero retornar algún día, en otra dimensión, la del espíritu. La foto la tomé desde el portón de mi casa, aquí en Zarcero.



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