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lunes, 30 de noviembre de 2009

Bailo un tango

Bailo un tango
en un salón umbrío
y vacío, donde un violinista
energúmeno es asediado
por hiedras y grotescos cuervos.

Bailo un tango
en una triste mansión
que ni los duendes visitan
ni bicho alguno sorbe
mis penas verdes.

Bailo un tango
con las cuerdas del violín
crispadas de espanto
en una casa que ya nadie recuerda
con mármoles negros
y mayordomo autista.

Bailo un tango
y miro por el ventanal
el jardín azul con flores
chorreando angustia
ante un jardinero
petrificado en hongo.

Les repito que bailo un tango
entre estas cuatro
paredes de ausencia,
el techo es tormentoso,
el mosaico tiene
el verde resbaloso
de la muerte, es la muerte,
y yo en él con
mis zapatillas de hierro
intentando no caer a su averno.

Bailo un tango en este
castillo del desasosiego
y de imposible fuga donde
mi ansia amarilla
se hace calavera ante un piano.

(De "Canto sin nombre", 2009)

2 comentarios:

Aída Acosta dijo...

Hola,
por un momento yo también bailé el tango, es un poema rítmico y con unas imágenes bien definidas. Llego a tu blog desde un comentario que dejaste a mis poemas en Afinidades Electivas. Esta tela de araña siempre sorprende.
Saludos

Frank dijo...

Sí Aída: me acuerdo. Un gusto vengas a este rinconcito de esa "tela de araña", aunque también la red forma parte de un entramado aún más extenso. Todo parte de un sistema.

Saludos,
Frank Ruffino.

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