NOCHE amarga
de café oscuro,
detenida la sangre
de un pobre diablo
polizón por aire a préstamo,
y deseo así echarme
una tonada,
mas ojos de cuervos
taladran mi deseo
y callo para no alertar
la pérfida envidia de sus picos:
se puede ser libre a escondidas,
a cantar con el viento
en los subterráneos de la urbe perdida,
por el sumidero caigo
en patio de quietos
y doy rienda suelta a un blues,
el blues de la rata solitaria
asintiendo los míseros
seres de este reino
y hacen eco de la endecha.
Así deseo desde mi infierno
todo lo bueno acabe
(como siempre es mi oración),
lo bueno dado a unos pocos
allá arriba, en el mundo falsificado.
La gran orquesta
de la noche renegrida
sigue en su orgía musical
lanzando maldiciones
a los homínidos que putrefactos
pululan en la luz establecida:
los de crucifijo
come santos y caga diablos,
abogados usureros de los bancos
sin un ápice de nada humano
y todo lo de las hienas,
los ladrones de las curules
haciendo bisness
con la famélica Patria
por lo mismo,
los chinos recochinos
campeones en fabricar basura
versados en la química del Mal,
las señoras putas
que van a misa de seis
todos los sábados
que les remuerde el clítoris
y se apacigua mientras tanto...
Y el energúmeno que soy
dirige toda esta inmensa
murga descompasada
alabando a Rasputín;
cantando las proezas
del malo es poco exterminador
Adolfo el teutón
amigo avezado del raticida
contra humanos,
invitando a Nerón
venga a actuar
bajo estos trinos
y en mis términos,
mas por un error
en mi máquina secreta
de jugar con el tiempo
se presenta
Julio César
ejecutando la danza
de los cuchillos finales;
doy un vistazo
a Roma que está tan fría.
Bajo mis zapatos
aún el baile
con música de frenesí,
en la noche calma
de Náralit
estoy herido
y lloro.
Náralit, miércoles 14 de marzo de 2012.
***
De libro de poemas inédito “Náralit” (Poemas y Antipoemas).






