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viernes, 14 de agosto de 2015

Poema © HABITACIÓN DEL HOMBRE




UNO puede ser de cualquier pueblo,
de cualquier casa,
de una familia,
amigo de cualquiera
y de indistinto perro de la calle…

Uno puede, así, caminar sin rumbo,
entrar a cualquier casa,
de cualquier pueblo,
elegir cualquier amigo,
fungir de amo de cualquier perro 
siguiéndonos los pasos
moviendo alegremente su cola,
y llamar a la puerta y decir, simplemente:
‘¡ya vine familia!’,
y sentarnos a la mesa a compartir el pan,
y hablar las cosas de toda una vida
que nunca se hablaron…,
dar las gracias
y nunca volver a esa casa,
ni ver a sus moradores,
ni más al amigo,
ni a ese perro,
ni a ese barrio, ni a ese pueblo…

Uno puede hasta morirse
pero no muere el Hombre
que habita casa, barrio, pueblo…

***

Viernes, 14 de agosto de 2015, © ‘Habitación del Hombre’, texto inédito de Frank Ruffino que da título a poemario del mismo nombre. / Ayer fui a un pueblo de la GAM a dejar mi poemario 'Hombre adjunto' a un estimado lector que lo adquirió, y ahí, en el parque plasmé en una hoja el anterior sentimiento. Me está gustando ser 'cartero' de mi propia poesía. Es bonito compartir con los lectores. ¡Ya 100 libros entregados en los últimos seis meses!

IMAGEN: Hace unos días me eché al agua, y preparé otro pastel de manzana. Quién sabe... hasta pastelero me podría volver ¡pero nunca de la poesía! (Es que existen tantos poetas pasaditos de dulce...). Sobre la nevera se aprecia, parcialmente, el pequeño busto de Beethoven que el Poeta Alfonso Chase me regalara a finales del 2013.

lunes, 16 de marzo de 2015

POEMA: © LA INQUILINA DEL ÁTICO, poema de Frank Ruffino en homenaje a Ana Frank.



SOBRE mi cuarto vive una niña,
diríase jovencita en sus 14 años,
la escucho por la mañana:
lentamente el cepillo rasgar sus cabellos,
los suspiros frente al espejo,
sus frescas carcajadas,
la ilusión que a vivo llanto
suele caérsele hasta mis ojos;

...ora acomoda sus zapatos,
los lustra, camina hasta su puerta
y devuelve hasta el espejo
en donde se hace estatua,
luego, por una ventanita
parte en sus deseos al colegio…


Mas la soledad amarga de esa niña
imprime pasos por mi frente,
entra y sale en mis ojos,
perdiéndose o encontrándose
de ausencias y presencias.

Y en cualquier caso, la cubro siempre

de rigurosas bienvenidas
y despedidas porque será, tal vez,
la hija que nunca tuve.

Así para ella este bulevar directo

hacia mi alma,
para que vuelvan sus sonrisas tras el llanto,
sus vuelos cortos y suspensos,
largos o derechos.


***

San José, 16 de marzo de 2015.


NOTA: acaba de escribir este sencillo poema, y se los comparto ifso facto. Y, pues, mi texto va dedicado a esta eterna jovencita judía, y como un redondo homenaje y doble dedicatoria, a uno de su pueblo en tiempo presente: el amigo David Ben Abraham, radicado en Nueva York.


domingo, 15 de marzo de 2015

© El bastón verde ('Cuento'-parodia política de Frank Ruffino)






Acaeció que, por estar de moda, fueron de excursión de precampaña política varios pericos neoliberales del archicorrupto Partido Liberación Nacional hacia las fauces del coloso Turrialba, que tras una actividad eruptiva de varios años, y dentro de los parámetros aceptables de no ocasionar daños sustanciales a los humanos ni haciendas a su alrededor, en los últimos días había abierto con ferocidad sus fauces, vomitando y hasta engulléndose violentamente a sí mismo al sucumbir varias laderas de su terrible, nervioso y por ello inestable cráter. De ese periplo, 'coincidió' era yo el organizador y guía turístico…

Mi asistente en este proyecto de ajusticiamiento múltiple y en bien de la nación, fungía como mi cómplice, y era quien manejaba la confortable buseta de políticos burgueses y malandros. Se trataba del camarada ecologista Luis Diego Marín. Para ‘camuflarse’, un día antes, había marchado él con entusiasmo a la peluquería más popular del Mercado Central donde, al contrario de mi abultado, complicado y peludo disfraz, pidió encarecidamente al barbero le quitara todo vestigio de cabello en cabeza y rostro. Siendo mechudo como un troglodita, al salir de ese establecimiento, yo, que lo esperaba a unos cuantos metros de la puerta, no pude reconocerlo cabalmente, y no fue hasta que un hombre frente a mí me dijo:

-¡Eyyyy! Ruffino, la cosa aquí es revolcar bien a la gata y confundir a medio mundo.

…Quedé de una pieza ante tan impresionante transmutación. De seguro ni la propia madre reconocería de pelada que iba la bestia peluda de mi amigo.

-Perfecto –le espeté con emoción contenida, y tratando de chancear ante aquella súbita y genial forma de mimetizarse, con complicidad le dije extendiendo mi mano derecha en señal de apretón-:

-Mucho gusto, poeta Frank Ruffino. Quedaste como el tío Lucas. ¡Manos a la obra!

También, para serles irreconocible a estos quince, sarta de oscuros personajes, a todas luces enemigos de su pueblo, gastaba yo nutridos bigotes y barbas postizos; anteojos al estilo de Elton John (despampanantes y criminalmente afeminados); para guardar una falsa empatía, embutí mi cabezota en una chistosa gorra verde con la forma de perico de copete rojo, lentes de contacto del color de la piel del pasaje, o sea, amarillos como la mierda; además de holgadas ropas que me hacían parecer obeso, y como si fuera poco, fingía sostenerme precariamente en un bordón verde bellísimo y personalizado, casi idéntico a los que solía usar el poeta Antonio Gala. El fino palo de apoyo, exhibía en su extremo, para asir con fuerza, la cabeza reducida y ennegrecida de José María Figueroa, y en el otro extremo un tapón antideslizante negro en cuya cara, como se suele apreciar en esas rebuscadas pinturas en miniatura, se distinguía en letras blancas las siglas ‘PLN’, ya sucias, y llenas de porquería.

Obraba de tal talante, pues, así, siendo yo esbelto, ágil, fuerte y temido, debía borrar toda naturaleza que les pudiera sugerir de qué varón disidente se trataba, y, además, en el caso del simbólico y funesto báculo, había que aplicar algo de atención para reconocer el rostro de este político demoledor de obra pública e instituciones en su, por fortuna, antigua presidencia de los años noventas del siglo pasado, a la que deseaba fervientemente volver para continuar con sus labores de destrucción masiva, al tenor de lo que creía él en su distorsionado mundo de inepto, sería más edificar en bien del país.

…El bastón verde era clave para llevar a buen término mi cometido de exterminio, un poderoso acicate, pero además un fuerte distintivo, como la otrora esvástica roja y negra que hipnotizaba al Führer de la Alemania nazi: cada vez que me flaqueaba la ilusión, y sentía me abandonaban las fuerzas para llevar a cabo esta particular y espeluznante masacre política, pues colocaba frente a mí la cabeza egocéntrica del tarado de Figueroa aprentándola fortísimo con mi puño, luego, cerca del asiento del político, daba con el mismo cayado varios y enérgicos golpes contra el metálico suelo, lo miraba a los ojos, sonreíamos, y mi alma y espíritu se henchían de un gozo y una energía patriótica solo vista en los anales de la historia tica, en el gran héroe, ‘el tamborcillo' Juan Santamaría.

... Con toda esta trama bien urdida que les relato, amigos lectores, los llevábamos engatusados hacia su propia sepultura ardiente, en donde, para nuestro solaz, serían reducidos vivos a cenizas que luego vomitaría alegremente el macizo en una de sus constantes y sonantes erupciones freáticas…

***

Y como a todo chancho le llega su diciembre, horas más tarde, y en destino, este mortal y el camarada Luis Diego, los vimos inclinados y emocionados sobre el palo horizontal de un improvisado y precario balcón verde que habíamos ensamblado de piezas prefabricadas de pino. Con exclamaciones de horror y de asombro señalaban hacia el negro y convulso vientre del volcán, que rugía y amenazaba con echar de un momento a otro una erupción a chorro tipo jet, hasta dos o tres kilómetros de altura, espectáculo que más de uno de estos infelices y repugnantes seres esperaba ver directamente, para algún día (¡pobres!) contarle a sus nietos haber sido testigos presenciales de esta fuerza incontenible de la naturaleza.

Detrás de estas quince ratas, le hice a Luis la respectiva señal militar acordada, nos apostamos a ambos lados detrás del débil palco, buscamos de entre el suelo de espesa ceniza una seña hecha con dos piedrecitas rojas apostadas en cada extremo, alzamos el oculto cable de acero, que a su vez levantó con suma facilidad la liviana armazón de madera. Inclinada ésta peligrosamente hacia el vacío del cráter, todos, horrorizados, volvieron sus rostros hasta nosotros mientras trataban de asirse de los palos que ya se desarmaban, buscando recuperar el equilibrio y ganar con desesperación desmesurada el suelo firme.

…Mas ya era tarde para tomar alguna medida de contingencia a fin de salvaguardar por sí mismos sus asquerosos pellejos. Y, con un tono y solemnidad apocalípticos, lancé estas palabras ante los chillidos y llanto de los malandros que suplicaban, en esta hora de las verdades, por algún rastro de misericordia en mí:

-¡Patriótico jacuzzi-canopy tour en vuelo libre: malditos cerdos burgueses, sálvese quién pueda!

Con una fuerza descomunal salida de cada célula de mi demoníaco cuerpo, alcé lo más que pude el cable y empujé la falsa tarima al abismo.

…Pero ninguno era Supermán, Batman, o el Hombre Araña…, de ahí que fueran todos directo al Infierno. Pocas veces mis pelos exhibieron tal dureza y crispación al escuchar a aquellos desgraciados: a coro, los alaridos de horror que echaron estas bestias que caían al terrible foso, aún cimbran en mi mente y me sobresaltan hoy, días después de este multitudinario y bien planeado crimen de estos sátrapas de la Patria.

***

En este bar del centro de la capital, Luis y yo leemos Diario Extra, posterior al día de esta fumigación de bichos, como dice mi amigo ecologista: ‘control ecológico de plagas’. En el segundo párrafo del parte periodístico, reza el mismo:

“Confirmado. La excursión la integraban los hoy fallecidos en tan terrible desgracia que ha enlutado a toda la nación, los ex presidentes de la República José María Figueroa, Laury Chinchilla y Oscardo Arias; su hermano Rodrigo, ex ministro de la Presidencia; el ex candidato presidencial Johnny Zelaya y su fiel escudero George Pino Pattony; Guiller Constenla, ex presidente del INS; Francis Armando Pacheco, ex ministro de Educación; los diputados Rolo del Corazón de Jesús González, y Antonio del Perpetuo Socorro Álvarez; el ex presidente del Banco Nacional Fernán de la Santísima Trinidad Naranjo; paradójicamente el ex ministro de Turismo Carlomagno Roverssy; el ex diputado Gerardo Villavieja y su hermana, la presidenta de La Corte Suprema de Justicia Zarella Villavieja; y del Partido Libertario, a última hora, se sumó a este infausto viaje el diputado Oppo de la Misericordia Guevara; también occisos, los dos organizadores de la misma, un tal Ernesto Luna, el guía; y Camilo Varela, chofer, de quienes aún el Organismo de Investigación Judicial no logra dar con vestigio alguno de sus familiares o de esa empresa turística contratada por los políticos. Solo un escueto brochure encontrado cerca de la boca del cráter (no tiene consignadas direcciones ni teléfonos), indica el nombre de la misma: ‘Baño de Fuego’.

FIN

martes, 13 de enero de 2015

© LA GRAN DERROTA DE LA MISERIA HUMANA (Poema de Frank Ruffno)





a Jorge Luis Pinto y sus muchachos

Te lo había dicho
cuando los muchachos
venían del Mundial
un día de julio:
qué poco se te da el fútbol
amada Muerte,
perrísima Muerte,
no das pie con bola,
perdedora: tu lápida
es hoy de cuero y redonda
y los niños escupen en tu mármol negro,
los perros vagabundos marcan
su territorio en tu olvidado grito de guerra,
se burlan de ti, se burla 
de ti un triste poeta del norte
a quien previamente habías dejado sin casa,
sin padre, sin su can favorito,
y si pensaste que privándome de aquella joven
hacías mi destino a cuadritos,
pues ya casi la he olvidado,
como todas las cosas de la vida
y el vetusto poeta de un largo país lo dijera:
ya ni recuerdo tu nombre
aunque también derrame una lágrima,
sí, quién lo dijera, quién lo dijera....

Pensaste que en estos tiempos de locura
e imprevisión donde las masas
ponen su dinero a ciegas,
tumbarías fácilmente graderías,
acabarías con estadios abarrotados 
de almas felices y desbordadas,
y todo el mundo vería aquello, tu inmenso poder
en tiempo real por la tv y todos lados.

Con sangre en el ojo*, ahora vuelves
a apelar a la locura de unos cuantos fanáticos
para sembrar el terror,
y todo por unas simples viñetas;
pero no has vuelto a ser la misma desde 2001,
en que todos apenas recordamos
tu viejo, inmenso poder en la Guerra de los treinta años,
ese fue tu cierre
y también tu clausura en los campos de exterminio,
y lo de Gengis Kan y tus otros generales,
pues la nueva gente ‘light’ de hoy
ha metido todo en su fantasía del ayer,
como si la cosa no fuera con ellos,
y eso está bien (este fenómeno, 
según los psicólogos modernos
es un benefactor mecanismo de defensa).

Has perdido tu fe, perrísima, amada Muerte;
tu sueño de un fin atómico
se va desvaneciendo;
tu engorroso ataque biológico o químico
tampoco es parte ya del ‘plan b’,
el mundo parece hacerse uno:
hay cámaras apostadas por todos lados,
si pensaste que serías una diva
pues eso mismo te condena
porque con antelación han visto
tus oscuras intenciones, 
y te han desarmado a tiempo
de la guadaña que blandías riendo a carcajadas.

Muerte, perrísima, amada Muerte,
te estás haciendo torpe y vieja,
ya Pinto y los muchachos
me lo habían dicho
que no das pie con bola,
que tu pie quedó en un témpano de hielo,
y el balón que disparabas se fue deshaciendo
en cada patada como pompa de jabón,

Muerte, vete y muérete como todos;
tal vez, pienso sí, por tu abono,
nacerá una flor de tu costado de hueso fétido,
de tu barbarie, Muerte, nacerá la vida
y todo el terror causado 
será también un sueño negro, 
solo eso.

Muerte, perrísima señora Muerte:
deja ya, en esta, tu hora final, de chantajearme
con Frida y mi amiga la Chavela,
con Jorge y David, los poetas de aquí
y que fueron mis camaradas,
deseamos hasta el mismo Diego
te pinte un gran mural
junto al amado Trotsky
y el otro buen Diego, el de la mano de dios,
y seamos nosotros, los recién nombrados en este poema,
los que plantemos nuestros pies sobre tu montículo mortuorio.

No, no…, no des más rodeos diplomáticos:
te espera la cuerda floja, cae, déjate caer ya
en el estanque de los grandes caimanes, que hierve,
ya tienen hambre de ti; sé al menos valiente
al término de tu fácil reinado de terror,
y corta el aire como los clavadistas olímpicos
del México que aún es lindo y querido;
eso lo dice el guión, así está establecido 
el final en este largometraje
donde aterrorizaste a tus anchas desde el principio
y durante casi toda la película.

Y seré yo, según Productor y Director,
un triste poeta del norte,
el único deudo en tu funeral:
te llevaré yo solo sobre mis hombros
sin tanta parafernalia masoquista, así, 
como una señora desnuda
a la que todos habían temido por idénticas razones,
así no hay séquito ni sepulcro para ti porque ya todos
te habrán olvidado como la gran maestra de ceremonias
que fuiste en muerte,
ni modo, en muerte.

***

IMAGEN: Desde las montañas de Heredia, esperando ver el arribo del avión que traía a la Selección Naconal de Fútbol de Costa Rica, en el Aeropuerto Juan Santamaría, allá en el bajío alajuelense.



domingo, 11 de enero de 2015

Poema de Frank Ruffino TIEMPOS



a Isabel P.

AYER por ayer,
arrebol de luna,
algo de ella,
cosas colgantes
para algún día
echar andar
a un niño
ya crecido y muerto,
y aún bonita,
y aún amante.

Me la encuentro
y a distancia
agita su mano,
sonríe igual
que ayer,
pero ya no somos
aquellos,
ella lo sabe,
lo sé,
lo saben todos.

Hoy por hoy
sabemos  todo
de cuanto fuimos.

Importa
más ahora
el vencimiento
de las cosas;
que alcance
para fin de mes
estirando
la agonía,
vivir en casa
sin casa nuestra.

Lo suave que era
todo ayer,
y ahora el filo,
el garfio, el colmillazo
de los de arriba
que nos mantienen
recortados
para ser ellos
los esplendorosos.
Ese es el juego.

Mañana por mañana,
creo, será igual
que hoy,
y cada vez
más diferente
el ayer
cuando dirigimos
los rostros
hacia el infinito
en esta misma
plaza de cipreses,
los árboles mismos
que fueron
tan misteriosos
y ya espeluznan
por ser meridianamente
claras las cosas
con el amor despejado,
y nada nos espera,

solo la Muerte
al piano
con su gran sonrisa.

***

Imagen: hace unos días en las inmediaciones de mi casa en Zarcero, Costa Rica.

Texto de mi poemario inédito 'Isla Sombra'.

martes, 23 de diciembre de 2014

POEMA DE FRANK RUFFINO: © RAZONES PARA VALERIA



VALERIA, te quería,
y me dieron valeriana
agriándoseme el alma
como blanca vitamina.

Valeria, vale,
qué poco valgo
para ti;
valdría más
si apreciaras
mi valentía, Valeria
invaluable.

(Basta ya
de juegos fatuos de palabras
alusivas a tu nombre).

Valeria,
me quedo
por fuera de tu alma
como mendigo
esperando abras
y al menos eches
un mendrugo:
este alegre sabueso
delicadamente
entre sus fauces
lo tomaría
con ojos perros
agradecidísimo
de tu gesto,
y seguro que espero,
ya todo ilusionado
caballero hidalgo,
una moneda de oro
de tu corazón
al mío que aguarda…

Mas no:
abomino
esta condición mendicante,
mejor ódiame
con un portazo
en las narices,
un manotazo
en la mejilla,
cien latigazos
de gélida indiferencia
en este necio
lomo amante,
y me iré
tranquilo
confiado del Olvido
que otorga el Tiempo
donde hasta La Muerte
deshace
sus fétidos vapores
y hórridos cuervos
acechantes,
Valeria,
y ya nada tendrá sentido,
ni tu nombre
con sus voces cercanas
a las que apelara
tontamente para conquistarte
un triste poeta del norte.

NOTA: Este fue el último poema que escribí en las montañas de Heredia, hará unos seis meses. Ya saben: no soy poeta de corte amoroso, ni nada de romántico lleva mi poesía, mas alguito hay en mi alma, como para que esta aridez de vez en cuando tenga brisa y propicia lluvia.

IMAGEN: Si a esta escena le quito cables eléctricos, pavimento y calzada de cemento, pues sería un rincón muy similar de mi amada Pompeya, la ciudad eterna que habita en mí y a la cual espero retornar algún día, en otra dimensión, la del espíritu. La foto la tomé desde el portón de mi casa, aquí en Zarcero.



lunes, 3 de noviembre de 2014

POEMA: © FESTÍN.



CUENTAS de dientes,
silencio y rocas
colecciona mi Muerte,
y juega con esta carne
a las cartas y a las moscas,
siempre ganándome partidas
desde mis pies niños:
de ahí esta armazón blanca
de mis piernas
que no acaba, y sube
desentrañándome,
agarrando vísceras
y echando por partes
mi ser azul y fétido
a sus buitres compañeros
¡es para Ella todo un festín este juego!;
perdiendo yo día a día
lo que devotamente sus pechos
lucharan por aumentar,
el juego inexorable,
mi Muerte y yo indivisibles,
siamés acabando a mordiscos
a su codiciado hermano,
siempre pendiente
de la hora que le toca a uno,
el zarpazo final
de una antigua lucha.

Por eso de ella solo he ganado
funestos escapularios
y amuletos traidores,
cruces y obituarios
de quienes más amaba,
tarjetas de funerarias,
opciones de ataúdes
o de cómo pulverizar
a uno en el Olvido;
y en la maldita iglesia
cuerva figura fatídica y agorera
animando cigarras y sapos*.

El día en que mi Muerte y Judas
comiencen a besarme la mejilla
y a sazonar el duro cuello
de ácidos lengüetazos,
este juego acabará
con las cartas calcinadas
y un jugador crucificado**.


NOTA: Este poema puede, lo mismo, leerse con estas variantes:

*…negra figura fatídica y agorera
animando cuervos y sapos.

**…con las cartas en confeti
y un jugador calcinado.

© ‘Festín’, poemario inédito de Frank Ruffino. Zarcero, 02 de noviembre de 2014.


IMAGEN: Mi canaria madre María Rosa Rufino de 87, y mi hijo Octavio de 5 años, en ‘Náralit’, mi pueblo, a principios de 2014.

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