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domingo, 26 de enero de 2020

Una gallina con suerte (Cuento de Frank Ruffino)





-Zorro cabrón, ¡jódete! -gritó el viejo y disparó su escopeta. 

El fogonazo seguido del estruendo conmovió el silencio habitual de la recóndita granja. Ya los vecinos más cercanos del viejo sabían que, por una cosa o por otra, este cascarrabias a cualesquiera horas de la noche solía disparar al aire, de tal manera al tiempo dejaron de acudir a ver de qué se trataba. Desde el fallecimiento de su mujer, dos años atrás, el hombre se había vuelto solitario, hosco e irascible, únicamente el fragor de los balazos alertaba a sus conocidos el viejo seguía vivo.

El bicho quedó petrificado con la también vieja gallina Juana (famosa en toda la comarca por haber impuesto, en una época lejana, la marca de setenta y dos huevos en un solo día) aprisionada y batallando por liberarse entre sus fauces de difunto. Entonces el viejo se acercó a su víctima y con el mismo cañón del arma liberó a la asustada ave, magnífico ejemplar de la raza Leghor. Esta célebre gallina de corral, exhibiendo todavía rasgos de su antigua estatura de Gran Campeona Ponedora, partió pronta cojeando cual alma blanca que llevaba el diablo, a modo de avión, carreteando vertiginosamente por el prado inclinado, picada abajo, logrando al fin despegar ayudada por la gravedad y ese casi vacío de ochenta grados de la pendiente. Con la adrenalina al tope, voló a como mejor pudo dejando un reguero de plumas por doquier y se instaló en el aguacate y ahí continuó cacareando, maltrecha, presa todavía del terror.

-Guisado de zorro con patatas -dijo alegremente el viejo, propiciando una leve tregua a su consuetudinaria amargura. Tomó a su presa por el largo rabo blanco y la llevó balanceándose a la cocina. Puso a hervir agua, hizo cuatro cortes alrededor de las patas muy cerca de las uñas y, como si se tratara de desvestir a una bella dama, le sacó todo el cuero y sus pelos, duros como agujas de coser; lo destripó, cercenó la cabeza, patas y rabo convidando a los perros con estas extremidades y bazofia maloliente. Luego trozó el resto comestible del ladino animal y los vertió en la cazuela negra de tizne, debido al uso más que centenario de varias generaciones de Pizarros; agregó papas, tres tomates machacados y  los tradicionales ‘olores’ sazonados con abundante pimienta, y dándoles color apetitoso adicionando cúrcuma.

Transcurrieron 45 minutos y por toda la casa del viejo el delicioso aroma a carne fresca fue apoderándose del entorno. Colocó tres pedazos de buen zorro en su plato y cuatro papas, más algo de la salsa, y con una mueca burlona se dedicó a saborear su platillo de estofado maldiciendo al zorro, al tanto mojaba pedacitos de pan en aquel delicioso caldo.

-¡Hijo de la gran puta, cabronazo, aborto de Satanás, político oscuro y ladrón como el que más, sos una reverenda mierda, te llevaste a tres de mis mejores ponedoras, ahora es mi turno, maldito bastardo! -sentenció mientras lo devoraba henchido de gozo y venganza el viejo, como si el animalejo lo estuviera escuchando.

Mas, sucedió, la última porción de uno de los pedazos de zorro, no mayor al dedo gordo de la manaza del viejo, se aparcó con vocación de corcho en su pescuezo hambriento y pendenciero, tan bueno estaba el zorro, con ese típico sabor a gallina que lo hace ser muy apetecible y perseguido por esas gentes rústicas de provincias...

Preso de un indecible horror el viejo aún pudo levantarse, practicando cuatro o cinco pasitos hasta caer agónico apretujándose el cuello con sus trémulas manos de energúmeno, quedando cuan largo era en el comedor y convulsionando como un epiléptico. El perro negro y el perro blanco huyeron despavoridos a la caza de ayuda pronta procurando salvar a su amo, al tanto el viejo daba los últimos estertores justo frente a la mordisqueada cabeza del zorro que lo miraba dibujando una sonrisa de picardía haciéndole un macabro guiño de complicidad.

-¿Qué hay viejo? ¡Este tipo de desgracias suelen suceder! ¡Nada personal!

Y el viejo corpulento y rubicundo, anonado ante un espanto fuera de serie rayano en lo infernal, por última vez defecó estirando la pata. Su rostro imprimía un rictus de pavor indescriptible: los ojos azulísimos desmesuradamente abiertos tirando centellas a modo de un desesperado SOS sin respuesta en mitad de la nada, casi salidos de sus cuencas, rozando los repugnantes bigotes del zorro…

Así dibujó la espeluznante escena el ilustrador de sucesos del periódico al día siguiente de este desconcertante hecho, mismo que conmovió a toda esa provincia del norte y más allá. Los perros del viejo habían llegado hasta el pueblo enloquecidos, aullando sin parar, y la gente, temiendo lo peor, corrió a la otrora pujante granja avícola del viejo Ismael Pizarro siguiendo a los dos perdigueros de Burgos, que tantas veces olfatearon y casi acorralaron sin éxito al viejo y mañoso zorro.

La ahora feliz y fervorosa gallina Juana, cuyo nombre hebreo significa “llena de gracia”, aún cloqueaba en la seguridad de su alta rama dando gracias a Dios y al heroico viejo por intervenir en este milagro tan especial de nacer de nuevo, y cacarearlo como testimonio a los otros animales de la abandonada y destartalada finca, pues esa noche misericordiosa la mano divina había intervenido en su favor.

FIN

Tilarán, 22 de enero de 2020.

**
Cuento del libro inédito de Frank Ruffino “Golpes bajos”, que verá la luz este 2020. Esta obra originalmente fue publicada el pasado 25 de enero de 2020 en Diario Digital Nuestro Paíscr, donde igual han visto la luz los relatos “Welcome Macario” y “Embrujo en el hostal Cala”.




El pasado año este poeta se estrenó en la narración con su libro de cuentos “Los perros también soñamos” (20 relatos), que vio la luz a finales de noviembre bajo el sello “Veragua Ediciones”. Para adquirir el libro directamente pueden contactar al escritor a su WhatsApp (506) 85-28-84-87, o bien vía Messenger por su Facebook “Frank Ruffino Detilarán”.






sábado, 30 de julio de 2016

Mi último libro, diciembre de 2015, Alebrije Ediciones, Colección Maremonstrum.






viernes, 14 de agosto de 2015

Poema © HABITACIÓN DEL HOMBRE




UNO puede ser de cualquier pueblo,
de cualquier casa,
de una familia,
amigo de cualquiera
y de indistinto perro de la calle…

Uno puede, así, caminar sin rumbo,
entrar a cualquier casa,
de cualquier pueblo,
elegir cualquier amigo,
fungir de amo de cualquier perro 
siguiéndonos los pasos
moviendo alegremente su cola,
y llamar a la puerta y decir, simplemente:
‘¡ya vine familia!’,
y sentarnos a la mesa a compartir el pan,
y hablar las cosas de toda una vida
que nunca se hablaron…,
dar las gracias
y nunca volver a esa casa,
ni ver a sus moradores,
ni más al amigo,
ni a ese perro,
ni a ese barrio, ni a ese pueblo…

Uno puede hasta morirse
pero no muere el Hombre
que habita casa, barrio, pueblo…

***

Viernes, 14 de agosto de 2015, © ‘Habitación del Hombre’, texto inédito de Frank Ruffino que da título a poemario del mismo nombre. / Ayer fui a un pueblo de la GAM a dejar mi poemario 'Hombre adjunto' a un estimado lector que lo adquirió, y ahí, en el parque plasmé en una hoja el anterior sentimiento. Me está gustando ser 'cartero' de mi propia poesía. Es bonito compartir con los lectores. ¡Ya 100 libros entregados en los últimos seis meses!

IMAGEN: Hace unos días me eché al agua, y preparé otro pastel de manzana. Quién sabe... hasta pastelero me podría volver ¡pero nunca de la poesía! (Es que existen tantos poetas pasaditos de dulce...). Sobre la nevera se aprecia, parcialmente, el pequeño busto de Beethoven que el Poeta Alfonso Chase me regalara a finales del 2013.

lunes, 16 de marzo de 2015

POEMA: © LA INQUILINA DEL ÁTICO, poema de Frank Ruffino en homenaje a Ana Frank.



SOBRE mi cuarto vive una niña,
diríase jovencita en sus 14 años,
la escucho por la mañana:
lentamente el cepillo rasgar sus cabellos,
los suspiros frente al espejo,
sus frescas carcajadas,
la ilusión que a vivo llanto
suele caérsele hasta mis ojos;

...ora acomoda sus zapatos,
los lustra, camina hasta su puerta
y devuelve hasta el espejo
en donde se hace estatua,
luego, por una ventanita
parte en sus deseos al colegio…


Mas la soledad amarga de esa niña
imprime pasos por mi frente,
entra y sale en mis ojos,
perdiéndose o encontrándose
de ausencias y presencias.

Y en cualquier caso, la cubro siempre

de rigurosas bienvenidas
y despedidas porque será, tal vez,
la hija que nunca tuve.

Así para ella este bulevar directo

hacia mi alma,
para que vuelvan sus sonrisas tras el llanto,
sus vuelos cortos y suspensos,
largos o derechos.


***

San José, 16 de marzo de 2015.


NOTA: acaba de escribir este sencillo poema, y se los comparto ifso facto. Y, pues, mi texto va dedicado a esta eterna jovencita judía, y como un redondo homenaje y doble dedicatoria, a uno de su pueblo en tiempo presente: el amigo David Ben Abraham, radicado en Nueva York.


domingo, 11 de enero de 2015

Poema de Frank Ruffino TIEMPOS



a Isabel P.

AYER por ayer,
arrebol de luna,
algo de ella,
cosas colgantes
para algún día
echar andar
a un niño
ya crecido y muerto,
y aún bonita,
y aún amante.

Me la encuentro
y a distancia
agita su mano,
sonríe igual
que ayer,
pero ya no somos
aquellos,
ella lo sabe,
lo sé,
lo saben todos.

Hoy por hoy
sabemos  todo
de cuanto fuimos.

Importa
más ahora
el vencimiento
de las cosas;
que alcance
para fin de mes
estirando
la agonía,
vivir en casa
sin casa nuestra.

Lo suave que era
todo ayer,
y ahora el filo,
el garfio, el colmillazo
de los de arriba
que nos mantienen
recortados
para ser ellos
los esplendorosos.
Ese es el juego.

Mañana por mañana,
creo, será igual
que hoy,
y cada vez
más diferente
el ayer
cuando dirigimos
los rostros
hacia el infinito
en esta misma
plaza de cipreses,
los árboles mismos
que fueron
tan misteriosos
y ya espeluznan
por ser meridianamente
claras las cosas
con el amor despejado,
y nada nos espera,

solo la Muerte
al piano
con su gran sonrisa.

***

Imagen: hace unos días en las inmediaciones de mi casa en Zarcero, Costa Rica.

Texto de mi poemario inédito 'Isla Sombra'.

lunes, 3 de noviembre de 2014

POEMA: © FESTÍN.



CUENTAS de dientes,
silencio y rocas
colecciona mi Muerte,
y juega con esta carne
a las cartas y a las moscas,
siempre ganándome partidas
desde mis pies niños:
de ahí esta armazón blanca
de mis piernas
que no acaba, y sube
desentrañándome,
agarrando vísceras
y echando por partes
mi ser azul y fétido
a sus buitres compañeros
¡es para Ella todo un festín este juego!;
perdiendo yo día a día
lo que devotamente sus pechos
lucharan por aumentar,
el juego inexorable,
mi Muerte y yo indivisibles,
siamés acabando a mordiscos
a su codiciado hermano,
siempre pendiente
de la hora que le toca a uno,
el zarpazo final
de una antigua lucha.

Por eso de ella solo he ganado
funestos escapularios
y amuletos traidores,
cruces y obituarios
de quienes más amaba,
tarjetas de funerarias,
opciones de ataúdes
o de cómo pulverizar
a uno en el Olvido;
y en la maldita iglesia
cuerva figura fatídica y agorera
animando cigarras y sapos*.

El día en que mi Muerte y Judas
comiencen a besarme la mejilla
y a sazonar el duro cuello
de ácidos lengüetazos,
este juego acabará
con las cartas calcinadas
y un jugador crucificado**.


NOTA: Este poema puede, lo mismo, leerse con estas variantes:

*…negra figura fatídica y agorera
animando cuervos y sapos.

**…con las cartas en confeti
y un jugador calcinado.

© ‘Festín’, poemario inédito de Frank Ruffino. Zarcero, 02 de noviembre de 2014.


IMAGEN: Mi canaria madre María Rosa Rufino de 87, y mi hijo Octavio de 5 años, en ‘Náralit’, mi pueblo, a principios de 2014.

domingo, 28 de septiembre de 2014

© Mueren los días como pájaros (Dos poemas de La Parca, autor Frank Ruffino).

(I)

© DEFUNCIONES

MUEREN los días
como pájaros
sin un árbol
en que aparcar.

Muere un minuto
y nadie va al funeral,
una hora,
un día,
la semana,
el mes muere
y ni obituario
en el diario,
ni condolencias
del mejor amigo
y ni un lo siento del vecino.

Muere media vida mía
y sigue sin notarse,
pero un día
al fin muere
mi vida entera
y todos van al funeral.


(II)

© ‘CASA DE HERRERO CUCHILLO DE PALO’

LA Muerte entristecida
al pie de su propia sepultura.
Hubiera querido a la Chavela
cantándole,
y fuegos de artificio,
haber conducido ella misma
la limusina, que un apuesto
poeta le dedicara versos
y obsequiara un ramo de rosas blancas
para refrescarse un poco
de tanta noche y sentirse amada,
la presencia del señor Arzobispo
y su bendición.

La Muerte en el cementerio,
cabizbaja, ha quedado sola,
todos marcharon para sus casas
naturalmente a vivir,
y ha caído la noche
y solo un cuervo
la acompaña en sus sollozos
de obrera solitaria y repudiada,
mas recobra el ánimo
y ríe con fría ironía
tan helada como sus huesos
porque todos han creído
que le dieron cristiana
y santa sepultura.

***

© Textos inéditos de Frank Ruffino (Julio, 2014)



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